En las altas y bajas, en la incertidumbre y en la alegría, sin importar el momento, ni la distancia, nuestra Ma siempre estará para escucharnos y guiarnos.
Esta colección es un homenaje al amor infinito de Mamá. Cada joya captura esta emoción incondicional, transformándola en un amuleto que nos acompañará siempre.
*En la compra de un collar, te elegimos y regalamos los aretes a juego. Aplica hasta el 10 de mayo. No aplica con otras promociones. Hasta agotar existencias. Los aretes serán seleccionados por la Casa Gabriela Sánchez para cada collar
La emoción incondicional en Ma, convertida en una joya
Si eres guardián del secreto, compra el collar para ponérselo a la madre con los ojos cerrados y pueda verse conectada con su hijo o hija en una joya que portará con orgullo y heredará con mucho amor.
Si eres guardián del secreto, compra el collar para que ponérselo a la madre con los ojos cerrados y pueda verse conectada con su hijo o hija en una joya que portará con orgullo y heredará con mucho amor.
Ella es Lorena. Tiene 60 años, tres hijos y una nieta de dos años que le ha cambiado la vida. Ser abuela, para ella, ha sido como volver a empezar con el corazón más abierto. Una segunda oportunidad que le dió la vida para acompañar a un ser desde su primer respiro… y simplemente disfrutarlo.
Ella es Karen. Tiene 35 años y es mamá de cuates: Mía y Mateo. Está lista para abrazar cada reto y cada alegría que trae la maternidad. Para ella, ser mamá es sinónimo de amor incondicional — ese que se da sin medida, todos los días.
Ella es Ana. Mamá de tres y abuela de dos. Ser mamá ha sido siempre lo que más ha amado en la vida. Ahora vive una etapa diferente, más ligera y divertida — una que le permite estar cerca, sin cargar con las responsabilidades de antes. Una nueva forma de amar, desde otro lugar… y con el corazón igual de lleno.
Ella es Sandy, mamá de dos hijos de 30 y 25 años. Para ella, no importa lo que pase ni cuánto tiempo pase… el amor de una madre siempre lo envuelve todo.
Ella es Mony, tiene 35 años y es mamá de una niña y un niño. Fue al convertirse en madre cuando realmente comprendió el amor incondicional y el esfuerzo que su mamá puso en ella. Ahora entiende lo que significa darlo todo, sin reservas.
Ella es Gisel, mamá de tres pequeños: Ema, Julieta y Roberto. Si pudiera revivir un día como mamá, elegiría el primer beso de Ema, ese que guarda con tanto cariño. Su mayor sueño es que sus hijos sean felices y siempre estén a su lado.
Ella es Alejandra, mamá de tres hijos — dos mujeres y un hombre — y abuela de tres. Al convertirse en abuela, descubrió un amor que nunca imaginó que existía. Para ella, el amor por sus nietos es algo verdaderamente hermoso.